lunes, 26 de diciembre de 2005

El Plan Bush

Dos hechos, auspicioso uno, preocupante el otro, gravitarán sobre la política de Venezuela en el seno de la Comunidad Andina de Naciones en los próximos meses, sin obviar el tránsito iniciado hacia la condición de país bisagra entre ésta y el Mercosur.

El primer hecho lo constituye el inicio del gobierno de Evo Morales en Bolivia. Cuando el presidente Morales jure el cargo doblarán las campanas –en ese territorio– para una larga época histórica forjada a raíz de la victoria del ejército español sobre los guerreros incas, sostenida a sangre y fuego por los descendientes de Pizarro, aun durante y después de la guerra independentista, para desilusión de Bolívar y Sucre. Sin embargo, la administración de Morales no se trata de un regreso a la nostalgia del incanato, sino de salto adelante del proceso de emancipación que no se agota en el fortalecimiento del Estado nacional, puesto que incluye además la construcción de un Estado democrático y social de derecho y de justicia, capaz de ejercer su soberanía e independencia con base en la autodeterminación del pueblo que lo sustenta, propendiendo a la integración del subcontinente.

De tal modo que Morales no pretende “aymarizar” Bolivia, sino “incluir a los excluidos sin excluir a los ya incluidos”. Es decir, que los indígenas no sigan siendo tratados como extranjeros en su propia patria.

Toda política que comporte democracia con justicia social y soberanía verdadera, conviene a Venezuela. De aquí que el gobierno de Morales conlleve una fortaleza para el proceso emancipatorio al cual está integrado nuestro país. No es que Morales imite a Chávez sino que es leal a sus raíces populares y nacionales. De cajón que tal cualidad es suficiente para que Bush lo vea con recelo. Ya le mandó a advertir sobre el modelo de democracia que debe cultivar: la made in USA.

Pizarro se volvió gringo y en Bush lo tenemos hoy. Pero el cow boy tendrá que calarse que los bolivianos sean dueños de su destino, gas incluido.

A la par de su advertencia, Bush despliega el Plan Andino (actualización y avance del Plan Colombia), hecho preocupante para nuestro país con vista a la fachada andina. Se conoce bien cómo Bush piensa usar paramilitares para hostilizar la frontera colombo venezolana. Aún no se sabe cómo evitará el presidente Uribe que el guerrerismo de Bush, empeñado en que colombianos sigan matando colombianos, le reste votos en su campaña por la reelección. Las conversaciones de paz con el Ejército de Liberación Nacional, el enfriamiento de las negociaciones de la alquita con Estados Unidos, el fortalecimiento de la cooperación con Venezuela, son indicadores de que Uribe sopesa el costo político y electoral del acompañamiento bushista.

Quizás de resultar reelecto tenga otro cantar.

En las neuronas de Bush, para nada oxidadas, el Plan Andino, con su concepto de soberanía cooperativa, es decir, restringida, constituye la tenaza del cerco contra Venezuela, referente del proceso emancipatorio latinoamericano. La culebra se mata por la cabeza, piensa Bush. Empero, con sus aliados debilitados, una creciente oposición interna y un empantanamiento en Irak, al cow boy se le cierra el margen de maniobra en su anhelado patrio trasero.

La formidable victoria de Morales, preludio de la que obtendrá Chávez, indica que con organización política y social y gobiernos transformadores leales a sus programas, los pueblos seguirán usando los votos derrotar los planes de Bush.

lunes, 19 de diciembre de 2005

Santa Bush

Tan citada como descontextualizada, la frase de Marx sobre la religión como opio de los pueblos siempre es expuesta sin la referencia a que –dialéctica dualidad– en determinadas circunstancias históricas las creencias religiosas pueden ser instrumento de liberación de las naciones. Y tal ocurre con el cristianismo, devenido en parte sustantiva del ser nacional venezolano. Porque bien discurrió Bolívar al cerciorarse de que somos un nuevo pequeño género humano: ibérico, africano y aborigen; cristiano y animista, entre otras expresiones religiosas. De modo que frente al Mister Danger denunciado por Gallegos, que manifiesta su presencia imperial de disímiles maneras, muchas sutilmente encubiertas y eficaces, por ejemplo, en actitudes cotidianas expresadas en conductas pronto aceptadas como inocuos hábitos, los símbolos y prácticas cristianas más que manifestaciones religiosas constituyen instrumentos de resistencia combativa para preservar la especificidad del pequeño género humano formado en estos lares.

De las miles de máscaras del Mister Danger galleguiano resalta en estos días navideños la de Santa Claus. Disimulada fuerza de ocupación cultural que con festiva sutileza introyecta en el ser colectivo del país actitudes y conductas (hábitos) arraigados en el desprecio por las expresiones culturales de las pascuas criollas. Ya se ve una cuña televisiva en la que un niño se burla de su compañerito porque éste aún cree en el Jesús de Belén y en los Reyes Magos, y le muestra triunfante los regalos que le trajo su Santa Claus; no el nórdico sino el made in USA. En pocas oficinas públicas, no se diga privadas, ya no se ve el pesebre nacional:
preside Santa Claus y su ¡jo jo!
de invasor ya enseñoreado en sus dominios de conquista. La nieve de fingimiento y pacotilla cubre cada navidad más espacios públicos. Los renos de anime son tan populares como la hallaca y el carato. Y en la oferta cinematográfica Hollywood impone sueños de una navidad reñida con el trópico y los cantares del sincretismo cultural criollo. En desuso va quedando la canción del año nuevo en castellano venezolanizado y ritmo de parranda o villancico.

¡De vainita se salva la gaita! Progresa la versión en spanglish impuesta perseverantemente por emisoras de radio, televisoras, distribuidoras de discos compactos y organizadores de festividades decembrinas disneyworldianas.

Y para coronar, emisoras de radio del Gobierno se suman a la propagación del mentado espíritu de la navidad, tan gringo como el Santa Claus de los centros comerciales.

Si se trata de publicitar productos dignos de regalos navideños, ¿por qué no se pueden asociar con el Niño Jesús? No se trata de visiones premodernas, ultranacionalistas o antiglobalizadoras, sino de la necesaria concientización de que completar la titánica obra de la independencia nacional, para hacer realidad cotidiana la letra de la Constitución bolivariana, se impone transformar la cultura nacional desde sus propios contenidos para preservar su esencia libertaria y emancipadora.

Durante décadas el venezolano fue sometido a un proceso de asimilación cultural por la industria del entretenimiento de Estados Unidos. Producto de ese sometimiento es el mayamerismo de sectores de la sociedad, y lo es también la adoración de Santa Claus, máscara de Bush en estos tiempos, práctica frente a la que debemos volver al origen de nuestra navidad: el pesebre.

lunes, 12 de diciembre de 2005

La bisagra

El ingreso de Venezuela es un paso hacia la Comunidad Suramericana de Naciones”.

Con estas palabras dio Néstor Kirchner, presidente de Argentina, la bienvenida al país líder de la Comunidad Andina de Naciones como nuevo miembro del Mercosur. Pero en Caracas Julio Borges, fingido ángel de la guarda de los 265.000 lanceros, los 7.000 cooperativistas y los emprendedores de los núcleos de desarrollo endógeno de los sectores agrícola, textil y del calzado, predijo un alto costo para los mismos como consecuencia de pasar a ser mercosuristas.

Refinada hipocresía la de Borges que esconde con disimulo la defensa de las corporaciones transnacionales, especialmente estadounidenses, obcecadas en el empeño de desbaratar cualquier esfuerzo integracionista latinoamericano libre del control de Bush.

Sólo con valorar el déficit de oferta interna de bienes y servicios propio de la economía venezolana, particularmente en el contexto de crecimiento del Producto Interno Bruto con el consiguiente aumento de la demanda, se comprende que la producción de los lanceros, cooperativistas y emprendedores nada ha de temer del ingreso al Mercosur. Como tampoco hay riesgo para la mediana y gran empresa nacional con capacidad y potencial exportador, que con apoyo del Gobierno ha demostrado capacidad para detectar nichos fecundos en las economías de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay guiándose por parámetros de complementariedad, cooperación y rentabilidad justas.

Para despecho de Borges, la pertinencia de nuestra condición mercosurista se verifica en la solicitud mexicana por transitar la misma senda, así como en el Acuerdo de Complementación Económica 59 suscrito entre Mercosur, Venezuela, Ecuador y Colombia, circunstancia que ha de expresarse en lo porvenir en que seremos país bisagra entre la CAN y el Mercosur.

Calcule Borges, sin sesgos, objetivamente, cuántos empleos crearemos con el sólo tránsito de mercancías del norte colombiano por carreteras venezolanas hacia el pujante noreste de Brasil, y cuántos en otros ámbitos gracias a ser mercosuristas.

Para Bush es un quebradero de cabeza ver cómo lo que sus antecesores han impedido —la concreción de la integración autónoma del resto del continente americano— se va logrando.

Y le saca la piedra todavía más que sea Venezuela, la tierra natal de Simón Bolívar, precursor de este proceso, quien se convierta en cemento, punto de conexión de los dos espacios de integración (CAN-Mercosur), cuyo acoplamiento irá haciendo realidad el sueño votivo que indujo al caraqueño a convocar el Congreso Anfictiónico de Panamá.

Se nos quiere chantajear con el aquelarre de que hacia Mercosur sólo exportaremos energía:
petróleo, gas, hidroelectricidad.

Tal premisa comporta desprecio hacia la capacidad exportadora de la industria nacional. Adicionalmente debe anotarse que estos mismos críticos insisten en exportar el petróleo crudo a Estados Unidos.

La verdad sea dicha: es útil venderle energía a la industria estadounidense, asiática, europea y 10 veces útil hacerlo al Mercosur, así como al resto de América Latina y el Caribe.

Borges se emberrincha gritando que no fue consultado para ingresar al Mercosur. Olvida que en su programa de gobierno Chávez le propuso a los venezolanos y venezolanas luchar por el equilibrio internacional desde las fortalezas de la integración latinoamericana y caribeña, y que el pueblo le sigue dando total aprobación.

lunes, 28 de noviembre de 2005

Bushismo

Rabiosa muestra del complejo de supremacía que alienta a la élite dirigente de Estados Unidos se halla en la declaración del embajador de Bush en Madrid, dirigida a amenazar al gobierno de Rodríguez Zapatero por su decisión de autorizar a empresas españolas para que vendan aviones de transporte y lanchas militares a Venezuela. Prepotencia y jaquetonería son calificativos adecuados para describir el lenguaje verbal y gestual del diplomático bushista. Al gesto amenazante de su dedo índice solo le faltó el uso de la palabra veto, que aun sin haber sido pronunciada dominó la atmósfera en la rueda de periodistas.

Como todos los embajadores bushistas, el de marras se cree procónsul, virrey, autoridad de ocupación. Pero hete aquí que lo zapateó el gobierno español. Con una educadamente firme diplomacia lo carajeó y le hizo saber que pronto enviará a Caracas a su ministro de Defensa a ponerle fecha a la entrega de las aeronaves y las patrulleras. El bushista mastica su rabia pero tiene que calarse la independencia de la política exterior española.

¿Qué hará ahora Bush? ¿Buscará una marioneta parlante para denostar del presidente del gobierno español?
En cierta oportunidad Ronald Reagan, con el fin de descalificar a España en su disposición de ayudar a construir la paz en el Medio Oriente, espetó: “¿Quién diablos es Felipe González?” En alto grado es probable que George Bush, tan fundamentalista y de actitudes imperiales como Reagan, se exprese en forma similar de Rodríguez Zapatero.

Tal es su ideología: el desprecio por el otro, la supresión de la alteridad, el cerrarse a toda interlocución, la certidumbre de la superioridad propia, el close mind ante toda opinión disidente, la supremacía como expresión de la moral pseudoreligiosa estructurada con base en un pensamiento opresivo y asfixiante de la diversidad, la creencia ciega en un tal destino manifiesto de dominar el planeta imponiendo la pax made in USA como forma de control y dominio de los recursos estratégicos, no importa en qué lugar del mundo se encuentren; paz tan sangrienta e injusta como la romana en la Antigüedad; conquista tan homicida como la colonización del oeste con el exterminio de las poblaciones aborígenes. Estas características constituyen –en síntesis– la conceptualización operacional del bushismo ; el fundamentalismo agresivo, guerrerista y primitivo propio de los jerarcas de las transnacionales estadounidenses que integran el gobierno corporativo del gigante del norte, cuyo speaker es George Bush, articulador de los intereses del imperio dentro y fuera de su territorio.

Para nada es cierto que el bushismo haya permeado la conciencia colectiva del pueblo estadounidense.

En los distintos estratos de la sociedad de ese país emergen manifestaciones de rechazo al fundamentalismo imperial.

Progresivamente cobra fuerza un movimiento de contenido democrático, no solo en los sectores empobrecidos, sino también en grupos de capas medias e incluso de gerentes y propietarios de grandes empresas, las cuales están disociadas del complejo militar, industrial, comunicacional y científico-tecnológico que –con Bush– domina el poder estatal en Estados Unidos.

De hecho ya se observan indicadores de cuestionamiento abierto a la política de Bush en Irak y otras zonas del mundo, al punto que algunos asesores de la Casa Blanca temen estar en una etapa similar a la eclosión del movimiento pacifista, aquella que obligó al imperio a poner fin a la intervención militar en Vietnam.

lunes, 21 de noviembre de 2005

El culto a la abstención

El caudal de votos de las elecciones regionales y de los comicios municipales comportan un dramático descenso de sufragios tanto para las fuerzas progobierno como las oposicionistas.

Pero no a todo el mundo lo deshidrata el purgante. Porcentualmente los opositores han experimentado una aguda pérdida de poder por cada voto menos en su cuenta. En cambio las fuerzas del cambio democrático han acumulado espacios aun experimentado el referido descenso electoral. Y esto hubiese ocurrido incluso sin morochas. La cuestión consiste en que el impacto de la abstención ha sido mayor en el universo electoral antichavista. Esto salta a la vista en cualquier análisis comparado de los resultados del referéndum presidencial con los dos mencionados comicios; asimismo se mide en la capacidad de movilización de calle: el oposicionismo cerró su campaña por el Sí con un concurrido mitin en la zona de la autopista ubicada frente a La Carlota. Los seguidores de Chávez hicieron lo propio. Mas, hoy los bolivarianos conservan su capacidad de movilización de masas; en cambio el oposicionismo no logra reunir diez mil de sus seguidores. La desmoralización que sigue a toda derrota ha sido agudizada en extremo por las feroces pugnas en la dinámica de redefinición del liderazgo opositor. El resultado: confusión y desorientación ideológica: el neoliberalismo que antes los unió perdió la magia y dejó tantas interpretaciones como evangelios apócrifos; las redes organizativas de la sociedad civil, que fueron el orgullo de la tesis doctoral de Condoleezza Rice, hoy constituyen una miríada de tribus mediáticas; las fuentes de financiamiento, tan espléndidamente provistas otrora, se han reducido a las remesas que la administración Bush hace llegar preferentemente para Súmate.

Todo se sintetiza en una palabra:
paralización.

Y otra vez la paralización político electoral del oposicionismo sale de paseo de la mano de genios de la industria mass mediática, encaprichados con seguir siendo jefes de los mandamás de los partidos políticos.

La abstención es nuevamente la moda, lo in. De tal modo que el oposicionismo sufrirá otro bajón electoral y verá reducida sensiblemente su representación parlamentaria.

Retirarse de la contienda ya no tiene glamou r. Con la ultra flexibilidad del CNE, que le ha dado el sí a todos los antojos del oposicionismo, las razones para fundamentar una renuncia lucen tan falsas como un billete de a quince. Ya no victimizan. Lo ético sería decir que la despedida de la contienda se debe a la decisión de no verle la cara a la derrota; o seguir en el combate electoral con la búsqueda y defensa organizada de cada sufragio y aceptar limpiamente el resultado de la expresión de la soberanía popular el 4-D.

Creer que una oposición descangayada puede adelantar una estrategia destinada a deslegitimar social y políticamente al gobierno bolivariano, es por lo menos un novelón que ni Corín Tellado. El desafío de la oposición consiste en enfrentar sin ambages a los cultores del abstencionismo.

Ese es su principalísimo obstáculo.

Y no se le combate sólo en las pantallas de la televisión y en las ondas de la radio, sino también —y principalmente— donde vive la gente mediante el diálogo cara a cara con las asambleas populares y las visitas casa por casa. Sólo así cederá la mortífera abstención, siempre y cuando se deseche la absurda manía de descalificar al CNE, con lo que sólo logran aupar la abstención.

lunes, 14 de noviembre de 2005

¿Bagazos?

Cuando Marcel Granier publicó su libro La Generación de Relevo versus el Estado Omnipotente, Luis Herrera, presidente de la República en aquel tiempo, le espetó: “La generación de relevo le quiere poner la mano al Estado”. Contrariamente a lo que se podría esperar de su propia alerta, el copeyano siguió mansamente el viejo plan de hacer de las oficinas públicas sucursales de los grupos económicos. El texto de Granier, una pieza propagandística del para entonces pujante neoliberalismo, demandaba entrelíneas, la aceleración de la institución de un gobierno de las corporaciones –criollas pero asociadas a transnacionales– sin intermediarios como vía para frenar el proceso de agotamiento del puntofijismo, lo que hacía de los partidos políticos los únicos culpables del fracaso. Era algo así como si Poncio Pilato no sólo se lavaba las manos por el homicidio del Nazareno, sino que adicionalmente era elevado a César. El antibipartidismo devino en antipartidismo generalizado, y fue llamado, con mistificante tecnicismo, antipolítica.

La cuestión se resumía en una premisa sencilla: el mejor gerente de la empresa privada –Granier juraba serlo– debía convertirse en Presidente de la República. AD, Copei y los demás partidos políticos eran considerados trastos inservibles, molestos, desechables; la moda prometida consistía en el gobierno directo de la élite genuina, sin advenedizos escaladores sociales. Si bien Granier no llegó a la Presidencia de la República, sueño que aún parece acariciar, y AD y Copei siguen siendo aparatos electorales –cada día más disminuidos– a la carta de las élites; y el gobierno de las corporaciones, concretado con el golpe de abril 2002, solo duró 47 horas; la ahora avejentada generación de relevo cree todavía posible ponerle la mano al Estado. El logro de tal propósito pasa por afianzar el vasallaje de los partidos políticos oposicionistas –viejos y nuevos–, alebrestados un poco luego de pagar caro, con las derrotas del referendo y los comicios regionales y municipales, el ser parientes pobres en la conspiración del 2002-2003.

La oligarquía de relevo encajonó a los dirigentes de los partidos políticos en una vorágine insurreccional, así como reclutó a militares, intelectuales, sindicalistas y faranduleros, y los llevó al barranco del golpe, el paro y la guarimba. Luego los remató promoviendo la abstención para depurar la jefatura oposicionista; los desterró de la pantalla televisiva; a los que se arrepintieron del golpismo los carajeó inclementemente ridiculizándolos sin tregua. Pero hete aquí que la misma añeja oligarquía otra vez chantajea a la dirigencia partidista opositora para lanzarla por el precipicio de la abstención y el culto al guarimbeo, con la promesa vana de que así Bush aislará a Venezuela acusando al Gobierno de antidemocrático, y habrá otro 11 de abril y –distinto a lo que les hizo Carmona– no los dejarán como la guayabera.

¿Harán nuevamente el papel de tontos útiles los dirigentes de los partidos políticos oposicionistas enloquecidos tras un imposible? ¿Cederán al chantaje de la oligarquía y de Bush?
¿Retirarán los candidatos?
¿Terminarán como bagazos secos y desechados?
Con o sin candidaturas oposicionistas el 4 de diciembre habrá elecciones transparentes, legítimas, pacíficas y tranquilas.

Y si el oposicionismo cede ante el chantaje de la oligarquía y de Bush, será el pueblo quien lo deje como la guayabera.

lunes, 31 de octubre de 2005

En campaña

Cam paña relámpago esta para elegir la Asamblea Nacional, el Parlamento Andino y el Parlamento Latinoamericano.

30 fugaces días. En primera aproximación algún desprevenido podría pensar que se trata de una competencia 100% mediática. Empero, vistas con detenimiento las demandas de los ciudadanos, firmes en su decisión de no soltar la soberanía que le reconoce el artículo 5 de la Constitución, se comprende que el corazón de la estrategia comunicacional debe fundarse necesariamente en el diálogo cara a cara de los candidatos con los electores. Que se usen cuñas de radio y televisión; cintillos de prensa, afiches, murales, vallas, declaraciones periodísticas es útil pero nunca suficiente. Puesta en términos porcentuales la correlación debería ser 90% contacto directo, 10% propaganda en medios masivos. De modo que debería ser un hecho de intensa cotidianidad las asambleas populares, los recorridos casa por casa, los diálogos en las plazas públicas entre candidatos y ciudadanos; espacios abiertos a la discusión transparente, cívica, constructiva para definir compromisos corresponsables que obliguen tanto a los candidatos como a los electores en la perspectiva de que la gestión parlamentaria sea cada día más participativa, más generadora de poder popular.

Sería puro cuartorrepublicanismo hacer una campaña que se fatigue y se agote en referencias insustantivas a los temas que, por gravitar en su entorno, permean las neuronas de la población. No se trata sólo de la dimensión material de la vida social, sino también del ámbito espiritual. Por ejemplo, resulta pertinente discutir a profundidad el tema de la seguridad pública en el contexto de la propuesta de la Ley de Policía Nacional; debatir sobre las nuevas instituciones de participación en el marco de las leyes asociadas a este tema, entre muchos otros de importancia nacional.

Es en el debate de los temas de campaña que se manifiestan las visiones y matices ideológicos que dinamizan el proceso político del país. Vale decir, la discusión ideológica no se realiza en el etiquetamiento con ismos de los actores políticos, sino —fecundamente— en la definición conceptual y operacional de las políticas públicas expresadas en forma de leyes y acciones de impulso de la participación ciudadana en la gestión de los asuntos públicos, como fórmula para avanzar en el tránsito del desarrollo pleno del proyecto de país contenido en la Constitución. De tal manera que ha de asumirse la consigna “Por más poder popular” como un sinónimo de socialismo siglo XXI, al igual que lo son Barrio Adentro, Robinson, Ribas, Sucre, Milagro, Vuelvan Caras, la nueva estrategia de defensa nacional, las cooperativas, el ordenamiento democrático de la tenencia de la tierra, la democratización del crédito, los consejos comunales.

La estrategia comunicacional aquí esbozada comporta un enraizamiento organizativo que encauce la energía de diversas organizaciones entrelazadas por una visión de país compartida y congregadas en una misma plataforma electoral. De esta forma se optimizan las potencialidades de la búsqueda y defensa organizada del voto mediante las modalidades de trabajo directo con el elector, por ejemplo, las triunfantes patrullas electorales de la campaña Batalla de Santa Inés; instrumento que, guiado por las unidades de batalla electoral, demostró una vez más el viejo aserto: nada más poderoso que un pueblo unido y conscientemente organizado.

lunes, 24 de octubre de 2005

Otro voto cruzado

Aterricen, doctos señores de la oposición. Las morochas son tan constitucionales como todas las libertades fundamentales de la persona humana.

Limpien la lupa: el artículo 67 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) determina las postulaciones por iniciativa propia, entre otras modalidades. Vale decir, un ciudadano puede postularse por circuito en forma exclusiva, si así lo desea. O sea, no es necesario que se inscriba a la vez por lista. Como en esta patria todos somos iguales ante la ley, el derecho de un ciudadano es extensivo a una asociación con fines políticos. Ergo, así como un ciudadano que asume la figura de la iniciativa propia no está obligado a postularse como candidato la Asamblea Nacional nominal y por lista, tampoco un partido político es forzado a presentar sus abanderados por las dos modalidades simultáneamente.

Dicho de otra manera, es legítimamente constitucional que un partido político inscriba candidatos sólo en forma nominal o únicamente en lista.

Ante el CNE los partidos políticos inscribieron candidatos de acuerdo con su particular criterio, al amparo de la CRBV y las leyes. Pongámoslo en la jerga de la campaña electoral con zumbaíto mexicano:
postularon como se les pegó su regalada gana. De tal modo que nadie tiene pleito con el CNE respecto a postulaciones para el 4D. Así como para el CNE no hay morochas ni antimorochas, para el TSJ, con base en el derecho y la justicia, también debe haber solamente ciudadanos postulados por organizaciones con fines políticos en forma nominal o por lista, así como electores soberanos y con pleno derecho a participar en los asuntos públicos (artículo 62 de la CRBV). Aunque valga reiterarlo:
sea cual sea la decisión del TSJ, será respetada y acatada.

Que los partidos políticos hayan establecido alianzas y orienten a los electores a sufragar cruzado promoviendo el voto enmorochado, es un asunto que sólo le corresponde valorarlo a los votantes con su libre albedrío y en uso del poder soberano que le consagra el artículo 5 de la CRBV. Los ciudadanos decidirán si cruzan su voto y, si así lo hacen, por cual fórmula de voto cruzado, valga decir, enmorochado, sufragan.

Pura coba es el cuento de que se viola la proporcionalidad con las morochas. Es sencillo, al escrutar los votos lista se le aplica a los totales de los partidos políticos el Método D’ Hondt, que constituye una expresión matemática de la proporcionalidad, y se asignan los cargos a cada organización dependiendo de cuántos votos haya obtenido.

Cuando se dice que con 50% de los votos se saca 70% de los cargos gracias a las morochas, se oculta que no todos los cargos se eligen con el mismo número de votos. Por ejemplo, para elegir un concejal en el municipio El Socorro, estado Guárico, se requirieron menos votos que para elegirlo en el municipio Libertador del Distrito Capital.

Elegir un diputado a la Asamblea Nacional en el Circuito Santa María de Ipire, El Socorro, Valle de la Pascua, Las Mercedes del Llano en el Guárico cuesta menos votos que obtenerlo en el Circuito del municipio Sucre del estado Miranda. De modo que consolidar nacionalmente los votos de un partido político comporta una mistificación estadística si se quiere establecer con cuántos votos eligió en realidad cada uno de sus diputados: unos diputados le habrán costado más votos que otros.

lunes, 17 de octubre de 2005

Oposicionabilidad

La ciencia política aborda el análisis de las sociedades y los estados democráticos con base en la dialéctica gobernabilidadoposicionabilidad. Así como se demanda que los gobiernos tengan legitimidad de origen en el sufragio y que mantengan la misma por la vía de ajustar sus decisiones al Estado de Derecho, se exige también que la oposición valide su legitimidad sometiéndose al dictamen de la soberanía popular expresada en el voto y que cada uno de sus actos se desarrolle en armonía con las disposiciones constitucionales y legales. Del apego del gobierno y de la oposición a las normas propias de la democracia dependen la gobernabilidad y la oposicionabilidad, cualidades que potencian la estabilidad de los sistemas políticos democráticos.

En el caso Venezuela la gobernabilidad es una variable de sólida comprobación independientemente de cuáles y cuántos indicadores se seleccionen para someterla a verificación teórica y práctica. No ocurre así cuando se analiza la oposicionabilidad.

El proceso comicial del 2000 arrojó una oposición legítima en su origen tanto en la Asamblea Nacional (AN), el Parlamento Latinoamericano, el Parlamento Andino como en las gobernaciones, consejos legislativos, alcaldías, concejos municipales y juntas parroquiales; mas, en la vorágine del proceso de cambios, la oposición rompió con su origen democrático y se adentró en el laberinto de la conspiración, acicateada por los operadores políticos de George Bush. La oposicionabilidad se hizo añicos.

El liderazgo opositor fue secuestrado por militares felones, empresarios trogloditas, politiqueros oficiantes del oportunismo, sindicalistas del clientelismo, escribidores nostálgicos de jugosas becas y ensotanados pastores de dólares. La oposición cambió la democracia por un dictador de mandato instantáneo, que desplegó en las pocas horas de su gobierno los hechos de su ideología: el fascismo post moderno; elegantemente trajeado pero igual de feroz, autoritario y sangriento que el de Hitler, Pinochet, Pol Pot, entre otros.

Después del referéndum de 2004, transparentemente derrotada, la oposición, en pleno cruce del desierto cual Pablo de Tarso en el camino de Damasco, se encontró de nuevo con la oposicionabilidad. Dejó de lado la guarimbeadera y se sometió a la voluntad del pueblo el 31 de octubre de 2004 en los comicios regionales y los municipales del 7 de agosto de 2005. Pero el imperio, que tiene peones disponibles para tareas diversas, sacó sus canes de operaciones especiales: los promotores de la vía violenta con la línea de la abstención, en cuyo discurso se esconde, entrelíneas, el despropósito del magnicidio. No obstante el magro resultado electoral provocado en gran medida por el abstencionismo, sus cultores vuelven a la carga en la campaña para la renovación de la AN y los parlamentos Andino y Latinoamericano. El primer objetivo es acabar con la oposicionabilidad para volver al escenario de 2002: la violencia, y en medio de ella viabilizar el magnicidio. El medio para tal fin consiste en carajear al CNE y obligar a los candidatos opositores a retirarse de la contienda.

¿Cuántos y quiénes rechazarán tan insultante imposición?
El empuje de la táctica abstencionista revela que Bush admite su incapacidad para impedir que las fuerzas del cambio democrático conquisten la mayoría calificada en la AN. Como salida, a lo Juan Charrasqueado, quiere arrebatar para desconocer el resultado.

lunes, 10 de octubre de 2005

Los tipos de propiedad

De la obra escrita de Deng Xiao Ping, el tenaz dirigente que desencadenó la transformación de la sociedad china, se conoce en Occidente tan poco, más allá de los foros de la academia, que la referencia común sobre la misma se reduce a la frase “No importa de que color sea el gato, lo importante es que cace ratones”.

Esta divisa del estadista chino comporta la certidumbre de que, acordada una estrategia determinada en la conducción de un país, se impone instituir estructuras organizacionales, rutas de acción, modalidades de producción, tipos de propiedad, que en su dinámica de interrelaciones y fertilización cruzada viabilicen el logro de los objetivos de la estrategia. Así lo explicó Deng Xiao Ping en muchos de sus discursos. Y como el modo de producir responde a una visión ideológica, las reformas lideradas por el líder chino introdujeron redefiniciones en la ideología socialista. Por ejemplo, el Partido Comunista Chino asumió que es posible en una etapa histórica la coexistencia en un mismo país del capitalismo y el socialismo, lo que ha sintetizado con la frase: “Un país, dos sistemas”, aserto que conlleva la cohabitación de más de un tipo de propiedad. Asimismo Deng Xiao Ping demostró en la práctica una verdad que ciertos dogmas aún niegan:
el mercado es un instrumento económico común a todas las formas económico sociales.

Vale decir, hubo mercado en la sociedad primitiva, en la esclavista, en la feudal; y lo hay en la capitalista y en la socialista. Que en cada uno de estos tipos de sociedad el mercado tiene peculiaridades específicas es tan cierto como la vida misma, pero al fin y al cabo es mercado.

Sin obviar que el modelo chino es sólo válido para China, resulta procedente generalizar algunos datos con base en tal experiencia, verbigracia la pluralidad de los tipos de propiedad y su coexistencia. Esta circunstancia se observa también en Venezuela: la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela consagra cuatro tipos de propiedad: la privada, la cooperativa, la asociativa y la estatal. La interrelación de todas ha de darse en una dinámica proactiva en un mercado regido por el imperio de la ley, con base en el cual se garantiza que todas están sujetas a la utilidad pública, es decir, a la función social.

Con la misma pasión que anima el cumplimiento de la CRBV en lo relativo al respeto y promoción de la libertad de expresión, por ejemplo, debe asumirse lo concerniente al propósito último de las distintas modalidades de propiedad: el bienestar de todos o —dicho con palabras de Simón Bolívar— el mayor grado de felicidad posible para todos. En esta perspectiva bien puede afirmarse: larga vida a la propiedad: privada, cooperativa, asociativa, estatal.

De tal manera que son sólo palabras huecas el aquelarre oposicionista en supuesta defensa de la propiedad privada, que nadie amenaza. Por el contrario, las acciones del Gobierno en los casos de fundos afectados por la Ley de Tierras se dirigen a rescatar la propiedad estatal, usurpada por rolo e’ vivos habituados a proclamarse dueños de miles de hectáreas amparándose en títulos chimbos.

Y en lo que atiende a los casos de expropiaciones, se están aplicando procedimientos fundados en la ley con base en normas constitucionales que ya tenían tal rango en la Carta Magna de 1961. En la estrategia del Gobierno venezolano, el color del gato está descrito en la Constitución y las leyes.