lunes, 22 de mayo de 2006

Crece el RE

Bien hablados y mejor vestidos, algunos representantes de la élite venezolana, nostálgica de los tiempos cuando mandaba a sus anchas, se alarman por el crecimiento del Registro Electoral en los dos últimos años. Con sus prodigiosas computadoras de última generación calculan el crecimiento de la tasa poblacional de las clases altas, lo cruzan con los índices de mortalidad y otras crípticas variables para concluir que un Registro Electoral de 16 millones de electores es una ficción malandrosa.

Claro que para tan encumbrados personajes no existen los sectores populares, no cuentan en el comportamiento y el ritmo del incremento de la población.

Ya escribió Carlos Dorado, especialista en casas de cambio, que el voto de un caballero de la hight debe contar por un bojote de sufragios de la plebe descamisada.

De aquí que en sus neuronas no quepa la titánica tarea de la Onidex y del Consejo Nacional Electoral que, en el contexto de la Misión Identidad, llevaron hasta el corazón de los barrios y de los caseríos, donde residen los otrora olvidados de la Tierra, los operativos de cedulación e inscripción en el Registro Electoral, incluyéndolos así en el cuerpo político del país.

Hace algunos años un cineasta con arraigo caraqueño produjo una joya del cine documental venezolano: La ciudad que nos ve. Retrató, describió y narró en su obra la vida de los que otros llamaron terrícolas: un mundo lejano a pocos metros de las grandes avenidas y autopistas de la gran urbe. La película es asertiva y certera: los habitantes de los cerros no existían para quienes se sabían centro de la vida urbana; eran seres invisibles también políticamente, no contaban en los escrutinios electorales.

Como se les consideraba innecesarios en el quehacer político se les impedía participar en los procesos comiciales: se les negaba la cédula de identidad o se les dificultaba hasta lo imposible inscribirse en el Registro Electoral. Eran tratados como los esclavos y los extranjeros en la antigua Grecia: se les negaba la ciudadanía.

Por esto cuando millones de venezolanos accedieron a los derechos políticos, gracias a la acción del Estado social, democrático de derecho y de justicia, la sorpresa, primero, y luego la estupefacción fue la reacción generalizada de la élite. Y para proteger su estabilidad psíquica optaron por negar la realidad: enardecidos lanzaron improperios sin pausa y sin tregua contra la Misión Identidad. Su conducta comenzó a revelarse como milimétricamente parecida a la de los blancos sudafricanos cuando la unión del liderazgo de Mandela con la insurgencia de las mayorías nacionales de ese país puso fin al sistema del apartheid.

Cualquier especialista en ciencias actuariales, que asocie su conducta profesional a los cánones de la ética, sabe con precisión que el crecimiento normal de la población venezolana determina el incremento del Registro Electoral 2006 hasta ubicarse por encima de los 16 millones de electores.

Negar esta serena e inconmovible realidad es sólo hacer de la mentira un credo por razones de supremacía social.

“Un proceso que incluye a los excluidos sin excluir a los ya incluidos”, así definió Roy Chaderton Matos la revolución bolivariana. Entre esos incluidos están los nuevos cedulados y los nuevos electores que votarán el 3 de diciembre de acuerdo con su libérrima conciencia. Y por supuesto que nadie ha sido ni será excluido de la democracia participativa y protagónica.

lunes, 15 de mayo de 2006

Bush Durao Barroso

“El populismo es una amenaza para nuestros valores. Si entendemos populismo como una simplificación abusiva de los problemas complejos, si entendemos populismo como la apelación a los sentimientos negativos y no a los valores democráticos y al Estado de Derecho, es una amenaza”.

Así lo espetó el presidente de la Comisión Ejecutiva de la Unión Europea, José Manuel Durao Barroso.

El ex gobernante portugués, ubicado en la corriente de derecha neoliberal del viejo continente, conceptualiza como simplificación abusiva el ejercicio de la soberanía por los países de América Latina y el Caribe que el colonialismo europeo y el imperialismo de EE.UU. obligaron a especializarse en el rol de monoproductores y exportadores de materia prima a precios viles. El saqueo del estaño y el gas bolivianos, del cobre chileno, del petróleo y el hierro venezolanos, cuyo registro no se borrará en la conciencia de esta parte de la humanidad, luce ser el Estado de Derecho que invoca el vocero de la Unión Europea.

Cualquier medida legal, aunque esté medularmente apegada al derecho internacional, destinada a cambiar este complejo problema para convertir los recursos estratégicos en fuente de progreso y bienestar material y espiritual para los desheredados de estas tierras, es percibida como una amenaza y recibe automáticamente el estigma inquisitorial de la palabreja tan aborrecida por los gerentes de las corporaciones transnacionales cuyos intereses nutren las neuronas de Durao Barroso:
populismo.

Que Evo Morales nacionalice los hidrocarburos en Bolivia para lograr una distribución democrática entre su pueblo de la renta derivada de la explotación de los mismos, comporta apelar a un “sentimiento negativo” contrario a “los valores de la Unión Europea”. Que en Venezuela se realice la soberanía petrolera con la conformación de las empresas mixtas, cuya constitución ha sido aceptada de buenas maneras por la casi totalidad de las compañías extranjeras que extraen oro negro en el país, agrede el “Estado de Derecho” de Durao Barroso. De modo que para contentar al ejecutivo de la UE habría que decretar la propiedad privada de las transnacionales sobre los recursos energéticos de América Latina y el Caribe; algo así como instituir el ideal del neoliberalismo: cero Estado nacional, todas las actividades económicas sujetas a las ganancias de las grandes compañías de las metrópolis; hambre y miseria para las masas poblacionales del subcontinente.

Las propuestas de la UE de Durao Barroso se parecen puñeteramente al ALCA de George Bush y a la prática comercial de los conquistadores europeos con los pueblos amerindios. Eran los tiempos del trueque de oro por espejitos, como ahora Bush y Durao Barroso pretenden llevarse a precios miserables el gas, el petróleo, el hierro, la bauxita, las fuentes vegetales de la farmacéutica, el control de la biodiversidad, entre otros recursos de estas tierras, a cambio de chatarra tecnológica facturada cual si fuese prodigios de los inventos de última generación.

Y más: Durao Barroso –como Bus– sueña con tener bases militares en estos países o enviar con frecuencia sus buenos muchachos con fusiles sofisticados a realizar modernas cruzadas, a fin de asegurarse de que, el día que el agua dulce escasee en sus industrias, centros comerciales y hogares, hecho probable cuando el futuro los alcance, circunstancia no tan lejana en el porvenir, los acuíferos del subcontinente sean como el oro en sus bancos:
riqueza segura.

lunes, 8 de mayo de 2006

El articulador

La reunión de los cuatro presidentes en Iguazú produjo hechos políticos de gran incidencia en el porvenir del subcontinente. No se trata sólo de la incorporación de Bolivia al proyecto del gasoducto del Sur; o del acuerdo de Bolivia, Argentina y Brasil de abordar las diferencias derivadas de la nacionalización de los hidrocarburos del altiplano con criterio de consenso buscando favorecer los legítimos intereses de los tres pueblos, con base en el respeto a la soberanía boliviana.

Además de estos indicadores ha de anotarse la singular circunstancia de que en los resultados de la cumbre presidencial se manifiesta una asimilación de la pertinencia de las propuestas del jefe del Estado de Venezuela. El ingreso de Bolivia al gasoducto constituye un reconocimiento a la perseverancia con que Chávez impulsó esta posibilidad para darle coherencia al escudo energético suramericano como un instrumento de fortalecimiento y profundización del proceso integracionista.

La concordancia sobre el abordaje consensuado de los efectos colaterales de la nacionalización de los hidrocarburos bolivianos forjada en el debate de la reunión entre Lula Da Silva, Néstor Kirchner y Evo Morales es un logro del papel de buen oficiante de Hugo Chávez.

Negarlo es mezquindad. Mas si se asume en el contexto del acuerdo la tenaz resistencia de factores internos en Argentina y Brasil, como, por ejemplo en el caso brasileño, la adversa y dura posición de la junta directiva de Petrobrás, la petrolera de capital mixto, bandera del Estado carioca.

Vale ser objetivo. Los cuatro presidentes cuidaron la imagen de equipo, el dinámico equilibrio de manejarse ante la prensa sin que ninguno fuera anulado, evitando el posicionamiento de un primus inter pares. Empero, desde el mismo momento del anuncio simultáneo de la reunión en La Paz, Brasilia, Buenos Aires y Caracas se olfateaba que Chávez era el esgrimista de la diplomacia del acuerdo por encima de los intereses aparentemente contradictorios entre los tres países cuyas economías dependen en gran medida del gas (Bolivia que lo produce, Argentina y Brasil que lo consumen).

El venezolano cimentó una imagen irrevocable de estadista.

Se condujo con un sentido preciso de las proporciones en una dialéctica en la que un gesto inadecuado, una palabra descontextualizada hubiera podido echar por tierra la hazaña de amarrar el referido entendimiento, cuya proyección da nuevas energías también al Mercosur. Claro que escribir esto es abonarse en la jerga del oposicionismo el estigma de oficiante de la adulancia; valga el costo, pero la verdad bien merece cargar unos cuantos insultos, práctica tan propia de la cultura y el quehacer políticos de estas tierras.

En Iguazú se patentizó que los procesos de integración son integrales o se quedan en el remedo, en la frustrante caricatura. En una primera aproximación el fondo del asunto era de carácter económico comercial: cambio de la relación de compra y venta del ahora nacionalizado gas boliviano. Asumir que este aspecto agotaba ya el asunto a debatir hubiera arrojado un alejamiento entre los tres países involucrados directamente en el intercambio. Se impuso la racionalidad de la práctica política, maestra de la vida social. Privó el ser latinoamericano, la opción de desarrollo con sentido social y modos democráticos desde el Sur para el Sur. Y así se quedaron con las ganas los que quieren dividirnos para acabar con la integración. Fallaron Bush y sus bushitos.

lunes, 1 de mayo de 2006

¿Tendrá líder la oposición?

El 3 de diciembre los ciudadanos determinarán con sus votos dos hechos inherentes a su soberanía:
reelegirán a un presidente y a su interlocutor en la oposición.

Cierto que esto último será así si los candidatos oposicionistas dan la pelea en la campaña y le muestran el dedo medio a Bush y sus capataces en estos lares cuando les ordenen retirarse de la contienda, hecho que, por los vientos que soplan, ocurrirá en noviembre en medio de feroces ataques contra el CNE.

Discutir la posibilidad de la reelección de Chávez es sólo un oficio de ocio creativo, un solazamiento en el análisis para deslumbrar electores, televidentes, radioescuchas, oyentes. Podría servir, a lo sumo, de muestra de fecundidad investigativa e intelectual consagrada en texto de consulta para enriquecer currículos, fama académica; pulir prestancias en el debate publico, pero no será jamás una concatenación de teoría y práctica. Chávez va a ganar tan seguro como que el 4 de diciembre el sol iluminará el planeta. La oposición que conserva las neuronas serenas y no permite que se las nuble el corazón ardiente lo sabe bien; ergo, está consciente de que su lucha es por elegir un líder, un conductor, un Moisés para que la guíe en el tránsito lento y penoso por el desierto tras haber perdido la ruta del paraíso del poder.

Vale discutir si el Presidente aumentará su caudal electoral hasta la meta de 10 millones de votos, es decir, si logrará ubicarse holgadamente por encima de quien ocupe el segundo lugar, aunque sea la abstención. Este debate no es ocioso, tiene efectos prácticos en la dinámica política para 2007, cuando por fin la oposición podría contar con un batallador al frente. De modo que es útil hacer cuantificaciones estadísticas, proyecciones, análisis comparados de encuestas para ver si los 10 millones de votos son algo factible, alcanzable. Así también luce de utilidad cierta debatir cuál ha de ser el modo de instrumentación de la campaña electoral, detenerse, por ejemplo, en cómo posicionará su imagen Hugo Chávez: ¿Se focalizará en el carismático líder popular o se proyectará además como el estadista del ALBA, la redefinición del Mercosur, el forjador del titánico esfuerzo integracionista? De idéntica manera vale llevar al foro de la dialéctica el contenido del programa de gobierno revolucionario para el sexenio 20072013, así como la primera evaluación que haga el pueblo de la gestión del barinés bajo la Constitución bolivariana.

En distintos momentos, el Presidente ha confesado que el país requiere un jefe de la oposición; un interlocutor con la membresía de la disidencia política ante el jefe del Estado.

Es un reclamo para el pueblo opositor. Sólo la soberanía de esa parte de la sociedad podrá ungir un dirigente elevándolo a la soñada por muchos condición de voz de la otredad política ante Chávez.

Liderar la oposición a Chávez ranquea en grande; da estatus, proyección perdurable hacia el futuro. Julio Borges, Teodoro Petkoff, Manuel Rosales, Roberto Smith, Willian Ojeda, de sostener su campaña y contarse el 3 de diciembre, optan por ser el centro de esa trascendente decisión popular: articular a la oposición ante Chávez con la perspectiva, lejana pero viable, de perseverar en la aspiración presidencial en el año 2012.

El 3 de diciembre en la noche, a pesar de la pesadumbre y la aflicción, el pueblo opositor podrá decir, si sus candidatos le son leales y reconocen y respetan la voluntad de la sociedad manifestada con los votos, líder habemus.

lunes, 17 de abril de 2006

De Shapiro a Brownfield

Al despuntar del día sábado 13 de abril de 2002, Charles Shapiro, embajador de Bush, entró a Miraflores con un propósito resuelto: afinar la articulación de la dictadura de Carmona con los lineamientos estratégicos de Estados Unidos en el área que los líderes de ese país han considerado su patio trasero. Exultante y efusivo saludó al hoy recordado como Pedro el brevísimo.

Con sus modos de procónsul frente al vasallo asustado, le dio las instrucciones precisas que el Departamento de Estado le había enviado para la marioneta devenido en dictadorzuelo instantáneo.

La designación de una nueva junta directiva de Pdvsa fue el tema central. Le ordenó estructurar un equipo directivo de la petrolera resteado con el objetivo de avanzar en su privatización dando amplias ventajas a las transnacionales de EE UU.

Aunque la escena es imaginaria, la visita se produjo; el registro de la misma es un hecho comunicacional de la historia del golpe contra la democracia, instrumentado por las élites políticas, militares, clericales, sindicales, empresariales y de la mal mentada sociedad civil, bajo la tutela yanqui. Y resulta verosímil el desarrollo de la entrevista entre Shapiro y Carmona aquí visualizado por uno de los antecedentes directos del golpe: el envión insurreccional contra el gobierno constitucional fue decidido a raíz de la aprobación de la Ley Habilitante, que incluía la reforma de la Ley de Hidrocarburos cuyo texto reivindica la soberanía petrolera de Venezuela, tal como se ha evidenciado con la migración de los convenios operativos a empresas mixtas, en las cuales Pdvsa tiene mínimo 51% de las acciones. Bush armó el aquelarre enardecido porque ya no sería el zar del petróleo en América Latina.

La inagotable fiebre del oro negro llevó a Shapiro a Miraflores aquella mañana, del mismo modo que fue la razón principal de que los jefes del imperio decretaran el derrocamiento de Medina Angarita y Rómulo Gallegos, entre otros crímenes de lesa humanidad que el conglomerado de corporaciones transnacionales dueñas del poder en EE UU ha cometido contra los pueblos de América Latina, el Caribe y el resto del planeta.

Idéntica a la manera que practicó Shapiro para articular los distintos grupos ejecutores del golpe de abril de 2002, es la que ha asumido sistemáticamente William Brownfield. Más que un embajador parece un candidato presidencial. Giras por distintas regiones del país, animadas por actos cuasiproselitistas con entrega de obsequios al público, discursos y baños de muchedumbre.

Frecuentes declaraciones de prensa frente a las cámaras de televisión y no mediante boletines escritos como estilan los demás embajadores cuando se comunican con la prensa.

Participación en programas de televisión. Todas estas febriles actividades de Brownfield lo convierten en un activo y audaz actor de la política interna venezolana, tanto que registra una exposición mediática mayor a la de Julio Borges, Teodoro Petkoff y Manuel Rosales juntos, los tres más destacados precandidatos presidenciales de la oposición.

Conocedor de que Brownfield no puede ser candidato presidencial por su condición de extranjero, el pueblo se pregunta:
¿Qué será lo que quiere el gringo? Y, con la misma certera sabiduría que demostró el 13 de abril de 2002, cuando derrocó a Carmona sin disparar un tiro, se responde: “Quitarnos nuestras conquistas revolucionarias”. Y agrega: “Hay que picarle adelante, pa’ gringo intervencionista, revolución a fondo”.

lunes, 10 de abril de 2006

Opinión

Quijotesco en su delgadez, educados modales y lealtad sin tregua a sus ideales, inapelables como sus imágenes fotográficas, Jorge Aguirre constituyó durante toda su trayectoria vital como fotoreportero la síntesis del apostolado de los auténticos periodistas: el compromiso indoblegable con la verdad como tributo diario al pueblo todo. Tanto que el artículo 58 de la Constitución, al consagrar la comunicación libre, plural, responsable y la información oportuna, veraz e imparcial, sin censura, contiene un homenaje permanente al arquetipo de fablistán que expresó siempre con su quehacer este sencillo y sereno comunicador social.

El asesinato de Jorge, cobarde y miserable, representa la tarascada criminal de los focos de las fuerzas antidemocráticas que se agazapan en los sectores nostálgicos del 11 de Abril, minúsculos pero abundantes en dólares y macabras intenciones animadas desde allende las fronteras. Los mismos grupúsculos que, apertrechados en lujosas oficinas, desatan el vendaval de infamias, injurias, vilipendios, difamación e intrigas contra quienes enfrentan el despropósito de usar la muerte de este eminente venezolano como recurso propagandístico para que la mentira repetida hasta la fatiga neuronal, sea aceptada como verdad. Goebbels aún tiene discípulos.

Pero ante la potente voz de la verdad insurgente no hay Goebbels que valga. La certeza del hecho sangriento en que un homicida segó la preciosa vida de quien todavía tenía mucho por hacer en el periodismo gráfico, aflorará sin sombras; y sea cual sea su identidad purgará la pena máxima que prevé el Código Penal: 30 años, no por odio ni venganza sino por clamor de justicia que manifiesta todo el pueblo. Que no haya impunidad.

Y hacer justicia a la memoria de Jorge Aguirre se extiende al muy merecido reconocimiento que la muerte inesperada le negó en vida. Desirée Santos Amaral, secretaria general del CNP–Caracas, ha propuesto que Jorge Aguirre reciba –post mortem– el Premio Nacional de Periodismo. En cada una de sus innumerables jornadas reporteriles, Jorge produjo joyas del periodismo gráfico, cualquiera de ellas le hace merecedor de ese premio. Muchas recogen momentos estelares del proceso político nacional desde el Palacio de Miraflores, la sede del Parlamento, las calles de Caracas y otras ciudades. Otras contienen instantes dramáticos como, por ejemplo, la última que tomó ya herido de muerte: la imagen de su asesino cuando huía.

Ya no veremos más la caballeresca figura de Jorge Aguirre con su cámara al ristre en las ruedas de prensa u otros acontecimientos generadores de noticias, pero su ejemplo vertical de propagador de verdades dichas con imágenes es ya una presencia perpetua.

Y más aún: Aguirre lega una cátedra vivificante para los jóvenes periodistas ya en ejercicio, para quienes ingresan en las escuelas de Comunicación Social; y deja asimismo, para quienes pisotean con el tráfico de mentiras la noble profesión del comunicador social, la imperturbable constatación cotidiana de que, no obstante tales acechanzas, los auténticos periodistas de Venezuela seguirán enarbolando sin dobleces la bandera del compromiso con la verdad como patrimonio de toda la nación. Corresponde ahora a quienes hacen de esa bandera una fe bregar sin descanso para que nunca más la labor de un periodista sea ahogada en sangre, que nunca más las balas asesinas le arrebaten a la familia venezolana el derecho de seguir conociendo la verdad gracias a los Jorge Aguirre que cada día salen a la calle a buscarla para hacerla noticia.

lunes, 3 de abril de 2006

El ser o no ser de Rosales

Cuando un emisario de la embajada estadounidense le propuso a Manuel Rosales ser candidato a un cargo que nadie elige, sino que quien sea presidente designa a su real saber, el trujillano frunció el seño. El palacio de Las Águilas es más cómodo que Carmelitas; sólo Miraflores vale una misa y todas las campañas del mundo.

Hacer proselitismo por Petkoff –el compañero de una fórmula sólo existente en los manejos publicitarios– no fue gancho para el gobernador. Ni siquiera lo pensó y le hizo saber a todos los componedores electorales de la oposición que si decidía participar en la contienda sería como abanderado presidencial; aceptaría sí que su pana Brownfield y sus asesores más preciados convencieran al catire del Batey de aspirar a la vicepresidencia.

“Visto su modesto récord electoral, a Teodoro no le sale nada más allá de creerse el cuento de ser abanderado a vicepresidente”, se oyó decir en los predios de la gobernación zuliana. “Manuel presidente”, va siendo la consigna en las asambleas de Un Nuevo Tiempo.

Rosales comparte los lamentos de quienes se retiraron de los comicios para la Asamblea Nacional, ahora que su voz es sólo ausencia en los debates parlamentarios.

Admite que fue una decisión impuesta por factores de poder, cuya estrategia era usar dichas elecciones como laboratorio de ensayo sobre el modo de incrementar la abstención; esperanza única y suprema del oposicionismo adorador de la violencia política y de sus amos de allende las fronteras.

Sabe ahora el zamarro político andino que la abstención ni pierde ni gana elecciones y que, para convertirla en fuerza de movilización social, se requiere más que los planes de cafetín y los frescos dólares de Washington.

Empero, ajeno a las cavilaciones de Rosales, George Bush sigue su estrategia con típica terquedad tejana: fomentar la abstención es la clave. Y el Manuelazo, que no quiere ser visto como un candidato/marioneta parlante, discurre sobre si llegado el momento tendrá que acatar la línea: retirarse en medio de una feroz campaña contra el árbitro electoral, aunque el Parlamento elija para esta función a puros San Francisco de Asís. Por eso lee el Manual Súmate de Uso y pone condiciones: exigencias inconstitucionales e ilegales que ningún rector del CNE puede complacer.

Así busca capturar al sector más extremo del oposicionismo, mantener el apoyo de Bush y, a la vez conservar sus vínculos con los partidos y otras organizaciones dispuestas a transitar la vía del voto. Ser un candidato atrapa-todo es su meta.

Sabiendo que está garantizada la imparcialidad, la transparencia y la confiabilidad del CNE, vale preguntarse qué hará Rosales.

¿Liquidará su capital electoral, que bien puede crecer más allá de la tierra zuliana, y convertirse en un megáfono propagador de infamias contra el Poder Electoral? ¿Será un eco del paroxismo propagandístico made in USA, cuando se oiga la iracunda orden de Bush:
¡Renuncien ya! ¡Dejen solo a Chávez en las elecciones! ¡Que se mida con la abstención! ¿O será el batallador que los sectores de la oposición no violenta esperan para salir a buscar votos.

Perder con Chávez el 3D comporta para Rosales ganancia política. Se convertiría en jefe de la oposición y seguiría siendo gobernador. Pero aún no sabe si conservaría la amistad de Brownfield, obsesionado por que se retire en noviembre. He ahí su dilema si decide postularse: ser un verdadero candidato o solo una marioneta parlante.