lunes, 9 de octubre de 2006

Bello, el bolivariano

En una sistemática operación de secuestro histórico, los intelectuales de la oligarquía venezolana se han apropiado del legado de Andrés Bello, distorsionando parte sustantiva del mismo. De común lo presentan como uno de los suyos: dedicado a sus investigaciones y escritos filológicos, jurídicos, pedagógicos, poéticos y filosóficos en una torre de marfil, de espaldas al pueblo. Es cierto que en su trayectoria como senador en el Congreso de Chile, el caraqueño no se distinguió por impulsar profundas reformas sociales, pero también lo es que, sin ser nunca hombre de armas tomar, su fe en las revoluciones independentistas y en el porvenir de las repúblicas surgidas del mismo nunca flaqueó, a pesar de las tribulaciones por sucesos dolorosos como la disolución de la Colombia bolivariana.

Tras el viaje a Inglaterra, en compañía de Simón Bolívar y Luís López Méndez, como miembro de la comisión enviada por el gobierno provisional en junio de 1810, Bello permanece en Londres y traba una sólida amistad con Francisco de Miranda, quien le abre las luces potentes de su magnífica biblioteca. El poeta expande su universo cultural y acera su convicción independentista mientras enfrenta penurias y privaciones terribles.

Ofreció sus servicios al gobierno patriota en Cundinamarca en 1815. Su mensaje nunca llegó a destino porque fue interceptado por soldados de Pablo Morillo. También quiso trabajar para las Provincias Unidas del Río de la Plata, pero no viajó a Buenos Aires. En medio de sus aflicciones económicas recibió el socorro de un exilado español, José María Blanco White (cuán útil fue la solidaridad internacionalista con los hijos de la naciente Venezuela de aquel tiempo), quien logra colocarlo como preceptor de los hijos del subsecretario de Estado inglés. En 1827 se desempeñó como encargado de negocios de la Legación de la Gran Colombia en Londres, de la que había sido secretario desde 1825.

Mientras desarrolla una febril actividad intelectual, con la participación en proyectos de publicación de revistas y una prolífica producción de obra escrita, Bello acaricia con mayor fuerza cada día la idea ­nunca abandonada­ de volver a América. Sus vínculos con la legación chilena se afianzan y acepta la invitación de radicarse en Santiago, donde amplió su quehacer ejerciendo varios cargos hasta consagrarse al rectorado de la Universidad de Chile, cuya fundación lideró en 1842.

Andrés Bello fue leal a la causa de la independencia, y su admiración por las hazañas de Bolívar, y su apoyo a la unidad de Colombia, la bolivariana, lo dejó plasmado en varios poemas, por ejemplo:
El himno de Colombia
Canción Militar Dedicada a S. E. el Presidente Libertador Simón Bolívar.

(Fragmento) Recordad del Araure los cam pos, que el valor colombiano ilustró; a Junín, Boyacá y Ayacucho, monumentos eternos de honor.

Como se observa, Bello repudió la fragmentación de Colombia por las oligarquías locales, azuzadas por el imperio del Norte, lo que revela su clara posición contraria a los intereses representados por los herederos de aquéllos que ahogaron el proyecto de Simón Bolívar. De modo que mal pueden los oligarcas de ahora, continuadores de los conjurados de La Cosiata, arroparse con el nombre de Andrés Bello. El legado del gran venezolano es patrimonio de todo el pueblo, no de la élite nostálgica aún de los antiguos privilegios y tan entregada al imperio como en 1830, cuando traicionó a Bolívar y al ejército patriota, civil y militar, que logró la independencia.

lunes, 2 de octubre de 2006

SIEP

Es gente que cumple religiosamente el sacrosanto oficio de defender su derecho de ob tener cada día la máxima ganancia como producto, entre otros factores, de la compra de fuerza de trabajo intelectual y manual de los infatigables trabajadores de la prensa, incluyendo --de cajón-a los periodistas. Y ese privilegio lo defienden con la ferocidad de Gengis Khan cuando asumió su destino manifiesto de conquistar medio mundo. Claro que ya no echan mano --como siempre lo hizo el Khan-de la fuerza física para la realización de su proyecto de vida; en estos tiempos el combate se refina en las ondas hertzianas de la radio, la imagen y el audio de la televisión e Internet, así como en la tenaz letra impresa de los periódicos y las revistas; y la rentabilidad de esas empresas no se expresa sólo contablemente sino también en lo que el poeta y filósofo Ludovico Silva llamó la plusvalía ideológica. De aquí que a la hora de exponer sus resoluciones nunca hablan de los esencial (los bolívares y dólares atesorados) sino de la apariencia legitimadora: enarbolan la bandera de la libertad de expresión y de información y se cobijan con la membresía de los periodistas, noble profesión que aún conserva ese particular aura romántica con que se asomó al mundo preindustrial.

Son expertos en el manejo de la dialéctica de los contrarios. Valga decir, el lema de la libertad de expresión y de información les sirve para estimular golpes de Estado contra gobiernos democráticos haciendo de la información mero truco propagandístico tras el cual se oculta la mentira y la manipulación, a la vez que aúpan regímenes de facto con el silencio informativo y el cercenamiento de toda opinión disidente. Todas estas diversas manifestaciones de la referida experticia se vieron desplegadas en toda su intensidad durante la insurrección del 11 de abril de 2002 en Venezuela, el derrocamiento del gobierno constitucional y la legitimación de la tan brevísima como sangrienta dictadura de Pedro Carmona Estanga. Desde el 10 de diciembre de 2001 los dueños de la gran prensa iniciaron los llamados abiertos a la insurrección, empujaron el golpe de Estado con una resolución febril y, con dibujos animados, musicales, sonrisas de anclas amaestrados y opinadores de teorías al uso del momento, propiciaron una incisiva operación psicológica para darle legitimidad a una dictadura hecha a la medida de la sed de dinero de sus protagonistas. La libertad de expresión y de información devino en una máscara de látex para usos determinados por la necesidad de la ocasión.

Allende las fronteras la flexible manera de asumir la responsabilidad social de la comunicación es por demás peculiar en la práctica de los caballeros y las damas de marras. Con la misma ardorosa furia con que se conjuran para descalabrar gobiernos democráticos que no le son afectos, se entrelazan para defender regímenes tiránicos como el de Pedro el breve por una muy sencilla razón: representaba el regreso de los grandes negocios a costa del presupuesto de la nación.

Es su genio y su figura. No cambian. No lo hicieron en 2002 ni lo harán ahora cuando congregados en asamblea --tantas veces lo han hecho--, volverán a condenar a la democracia venezolana con artilugios argumentales que sólo esconden la defensa de privilegios y prebendas, amparándose en el secuestro de la membresía de los periodistas, precisamente las víctimas de la llamada Sociedad Interamericana de Explotadores de Periodistas (SIEP).

lunes, 25 de septiembre de 2006

Dale con la cruz

Por interpuesta persona habló el Diablo. El general Peter Pace, jefe del estado mayor conjunto de las Fuerzas Armas de EE UU, actuando como símbolo del poder militar imperial, mostró su feroz determinación a usar -cuando su muy particular criterio y el de Míster Diablo así lo consideren-el músculo bélico de la primera potencia del globo para descalabrarle el ánimo independentista a los levantiscos venezolanos, que andan en serio dedicados a la tarea de emanciparse también, ya consolidada su autodeterminación política, en lo científico tecnológico y económico. Lucifer escupió azufre.

La vieja técnica de exhibir el músculo militar constituye una clásica táctica intimidatoria desde los tiempos de los filisteos y su gigantón Goliat. De este modo se busca acoquinar al adversario, paralizarlo y someterlo a la voluntad de los señores del país más fuerte, en este caso el imperio estadounidense. Pero así como el truco no le funcionó a los filisteos, a los imperialistas de estos tiempos también les ha fallado el ardid varias veces. A los yankis nos le funcionó la puesta en escena en Viet Nam, Irán; tampoco obtienen progresos en Irak. En el Líbano tuvieron que dar marcha atrás ordenándole a sus perros de presa que regresaran a casa con la vergüenza de una derrota inocultable.

En Venezuela el imperio no las tiene consigo. Con maniobras y presiones trataron de asilar al país, encerrándolo en un cerco diplomático y político que en jerga castiza no tiene otro nombre que no sea bloqueo. Pero el tiro se le fue por la culata. Ahora la cuestión consiste en amenazar para que Venezuela decline su legítima aspiración a convertirse en miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. De aquí que George Bush haya ordenado que el vocerío no sea sólo de los halcones de regio traje oscuro sino también de los halcones que ocupan las instancias del alto mando militar del imperio, como es el caso del circunspecto general Pace.

Se trata de una suerte de diplomacia de cañoneras verbales destinada a asustar incautos que revela un error borbónico: la negación a aprender de las lecciones de la vida. Míster Diablo orquestó, diseñó, financió, organizó un golpe de Estado contra la democracia revolucionaria en abril 2002, cuando Manuel Rosales recibió y cumplió la orden de firmar el decreto Carmona; luego el imperio actuó de idéntico modo con el paro económico petrolero, la guarimba y el referendo. Y salió apaleado. ¿Será diferente ahora? Todo indica que otra vez el imperio será zarandeado: por más que amenace no doblegará la voluntad libertaria, independiente y soberana de los venezolanos.

A Bush se le debe aplicar el consejo contenido en el joropo carnaval Pipiriguá: alzarle al frente la cruz para que se espante. "Allá viene el diablo dale con la cruz, a mí no me asusta lo que diga (Bush)". Que Bush use una marioneta parlante de uniforme militar o de rígido traje gris, no asusta a nadie, como tampoco amedrenta cuando es el mismo torpe musiú luciferino el que, como Hitler en su tiempo, se deslengua en amenazas.

La verdad es que el imperio quiere pero no puede agredir en mayor escala a Venezuela. Lo que no es razón para echar un camarón, no vaya ser que a Míster Diablo le dé por una aventura temeraria ante la evidencia de que sus candidatos perderán en los venideros comicios parlamentarios en EE UU, y que en Venezuela sigue perdiendo los reales con candidaturas pura pinta.

lunes, 18 de septiembre de 2006

Vene-Irán

Lo establece sin duda posible el artículo 152 de la C o n s t i t u c i ó n vigente: las relaciones interna cionales de Venezuela responden a los fines del Estado en función del ejercicio de la soberanía y de los intereses del pueblo, y se rigen por los principios de independencia, igualdad entre los Estados, libre determinación y no intervención en sus asuntos internos, solución pacífica de los conflictos internacionales, cooperación, respeto a los derechos humanos y solidaridad entre los pueblos en la lucha por su emancipación y el bienestar de la humanidad... Y es sobre la base de esta norma que se profundizan las relaciones de cooperación entre Irán y Venezuela, las cuales registran un envión con la visita del presidente Mahmoud Admadinejad y la suscripción de 34 convenios y memoranda de entendimiento en distintos ámbitos de la actividad económica, científica, tecnológica y cultural.

De este modo, ya distintivo de las relaciones entre los dos países, se demuestra la perfecta viabilidad del encuentro fecundo entre dos pueblos que se empinan por construir su plena independencia política, económica, cultural como fórmula para desbrozar una vía propia de desarrollo con sentido social.

Independencia plena que comporta el rechazo al ingerencismo, tan tolerado y aupado en otros tiempos, en Irán y Venezuela cuando sus destinos estaban en manos de gobiernos abiertamente entregados a intereses imperiales, ofrendando sus recursos estratégicos, especialmente el petróleo, como tributo a las las élites de Estados Unidos, en particular. Emblemático que los dos países, no obstante su distancia geográfica y diferencias culturales, coincidan en empinarse contra la prepotencia y la soberbia de los halcones que, con George Bush como speaker, pretenden sojuzgar a todos los pueblos del mundo, dictándole que hacer con su existencia bajo la férula de la ideología del pensamiento único y la unilateralidad de la superpotencia imperial. Asimismo, se trata de la manifestación auténtica de la concreción de espacios plurales en el seno de la comunidad internacional, asumiendo con respeto la diversidad cultural, que ya van siendo expresión concreta de la pluripolaridad ascendente en el planeta.

Los acuerdos --34 en total-entre el país de Omar Khayam y el de Alberto Arvelo abarcan desde la industria petrolera, la minería, la fabricación de tractores y automóviles, así como de equipos médicos, hasta la petroquímica, el intercambio de contenidos noticiosos, plantas de cemento, agricultura, construcción de viviendas, la metalurgia, entre muchos otros sectores del quehacer productivo. Todos estos convenios tienen un denominador común: implican inversiones productivas en la economía nacional, generación de riqueza con valor agregado en territorio venezolano y transferencia de tecnología para la industria criolla, lo que se traducirá en un vigoroso incremento del empleo productivo y seguro. Una modalidad de cooperación que debería ser modélica en la comunidad internacional esta practicada por Irán y Venezuela, que redunda en beneficio para ambos pueblos.

La propaganda bushiana, presentada hábilmente bajo la sutil envoltura de la información periodística, ya se precipita a decir, con el debido eco en sus marionetas parlantes de la comarca, que Venezuela e Irán se conjuran contra su gobierno. La cuestión está clara: es Bush quien conspira contra los derechos soberanos de Venezuela e Irán. Y ya está anulado el tiempo de la mentira y el engaño.

lunes, 4 de septiembre de 2006

Tres logros

Si de decirlo en síntesis se trata, los logros de la reciente gira presidencial se podrían expre sar así: más inversiones productivas en la economía nacional, transferencia de tecnología de punta y apoyo a la candidatura para el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Tres conquistas de vital importancia en el exordio de una nueva etapa en la puesta en práctica de la visión compartida de país consagrada en la Constitución, etapa que tendrá su sello de aprobación soberana en los comicios del 3 de diciembre. Tres logros que conllevan un salto cualitativo en el impulso del país por la senda del desarrollo integral, es decir, en la construcción de una democracia plena en las dimensiones social, económica, cultural y política, que se manifieste en el bienestar del pueblo y en un sólido liderazgo del país en la comunidad internacional.

En un tiempo breve no sólo se ensamblarán, sino que se fabricarán en territorio venezolano, tractores, computadoras, teléfonos celulares, entre otros productos. En otras palabras, se trata de generación de riqueza y empleos e incremento de la capacidad científico tecnológica del país.

Para superar el atraso, la pobreza, no basta seguir exportando materia prima como, por ejemplo, petróleo crudo, bauxita, hierro; se impone lograr capacidad tecnológica para procesar esa materia prima y exportar derivados y productos intermedios y manufacturados. En ninguna interacción de neuronas cabe que Venezuela deje de ser gran exportador de petróleo y otras materias primas en poco tiempo, se trata de complementar esa condición con una creciente cualidad de economía industrial, incluyendo sectores de punta como la informática y la biotecnología.

Para quienes asumen con incredulidad la referida perspectiva, guiados por un fatalismo y desesperanza aprendidos, manifestado como derrotismo histórico y practicado con una ciega resignación, sería útil que se asomen a la experiencia de Malasia, y se enteren de que sí es posible conjugar desarrollo real con justicia social, a la vez que se preserva y fortalece la independencia y soberanía del país. No es verdad que el camino del desarrollo de los países del Sur pase por convertirse en una neocolonia maquiladora. Los malasios han avanzado y siguen progresando en la construcción de una economía altamente productiva y diversificada, con inclusión social y a la vez posiciones autónomas, independientes, soberanas en sus relaciones con el resto de la comunidad mundial.

La legítimamente arraigada aspiración de los venezolanos de "sembrar el petróleo", tan postergada por los gobiernos de la IV República, se abre ahora como una naciente realidad, viable en todos los aspectos, que sirve de plataforma de impulso, de lanzamiento de un proyecto de desarrollo asumido por las mayorías nacionales y visto con respeto y simpatía en casi todo el planeta, sin que comporte copias o imitaciones de otros modelos, como empecinadamente quieren hacerlo ver los oficiantes de la mentira mediática dentro y fuera de las fronteras nacionales.

Aún es temprano para predecir si Venezuela ingresará al Consejo de Seguridad de la ONU porque la presión de Washington es rabiosa y permanente sobre varios miembros de la organización. Pero ya se ve el firme prestigio del país por lo que vale afirmar: el destino de la Patria está en buenas manos: las de su pueblo, sabio y emprendedor como el que más.

lunes, 21 de agosto de 2006

Socialismo constitucional

"Venezuela se constituye en un Estado Democrático, Social, de Derecho y de Justi cia". Esta afirmación no pertenece al programa de un partido político ni al manifiesto de un grupo de artistas soñadores, sino al Artículo 2 de la Constitución Bolivariana. Vale decir, es parte del proyecto de país que ­con tesón y recia perseverancia­ los venezolanos construimos cada día. Muchas interrogantes se pueden dejar caer sobre los alcances, las implicaciones, connotaciones del mencionado artículo. Por ejemplo, cabría preguntarse si su contenido comporta que la forma social de organización de Venezuela ha de ser necesariamente capitalista, como parece interpretarlo incluso un sector de quienes impulsan los objetivos de la Carta Magna. Dicho de otro modo: ese estado democrático, social, de derecho y de justicia, ¿se puede edificar con base en la explotación del hombre por el hombre y la obtención de la máxima ganancia para beneficio individual o grupal? La respuesta que cada quien dé a este interrogante es crucial en el contexto de una polémica que se asoma en el debate político nacional: el supuesto imperativo de que el texto constitucional declare la opción socialista en Venezuela para que la misma sea viable. Perspectiva que a este escribidor le resulta redundante.

Pensar que en el capitalismo es posible la justicia, no sólo es ingenuo sino además torpe en la teoría y la práctica. La injusticia es una cualidad distintiva de todas las formas sociales fundadas en la explotación del hombre por el hombre, desde el esclavismo. Incluso este aserto es válido en los términos de la justicia individual; mucho más lo es cuando se piensa en la justicia social. El capitalismo necesita un contingente humano, variable en número según las circunstancias del momento histórico, que sobreviva en la miseria, o al borde de la misma, por ejemplo, en las garras del desempleo. Así evita que la mano de obra se encarezca en demasía para sus intereses de reproducción y acumulación de capital. Esto no cambiará en el capitalismo nunca jamás. Ergo, es una ilusión creer que el capitalismo puede coexistir con la justicia. O sea, la Bolivariana es claramente anticapitalista porque su apuesta por la justicia social, en medio de la democracia en los espacios del Estado y de toda la sociedad, la distingue sin posibilidad de ámbitos grises.

A menos que alguien plantee en el presente venezolano la opción de una forma social más allá del socialismo, hacia adelante, hacia el futuro ­lo que no luce para nada verosímil­, el deside
ratum es entre capitalismo y
socialismo. Y como ya queda demostrado que la ruta capitalista no es propia del proyecto de país contenido en la Bolivariana, la exigencia de que en su texto se diga literalmente que su vocación es socialista, constituye un desplante caprichoso, inútil e intelectualmente improductivo. El rumbo socialista a la bolivariana es constitucional, sin lugar a dudas, sin necesidad de reforma ni enmienda.

En ninguna parte la Bolivariana se casa con el capitalismo. Por el contrario, un bojote de sus disposiciones conlleva un aliento poderoso, radical, de orientación no capitalista. Es más: la ejecución operacional de muchas de sus definiciones conceptuales sólo es viable en un rumbo hacia el socialismo. Son tantos dichos conceptos que, puestos en la balanza de las opciones de desarrollo de la sociedad, indican sin duda la pertinencia de encaminar al país por la senda del socialismo hecho por y para los venezolanos.

lunes, 14 de agosto de 2006

Rojo

"La información concerniente a las obras del gobierno, los mensajes y alocuciones oficia les, no podrán tener contenidos publicitarios o propagandísticos de naturaleza electoral". (Último párrafo del Artículo 21 de Las Normas sobre Publicidad y Propaganda de la Campaña Electoral para la Elección Presidencial Diciembre 2006). Ni el sol del mediodía en marzo es tan claro como esta disposición. Y, para evitar confusiones potenciales, basta leer el artículo 2 de las referidas normas: "Se entiende por publicidad y propaganda electoral las actividades de carácter público desarrolladas por los candidatos, las organizaciones con fines políticos, grupos de electores que tengan como propósito captar, estimular o persuadir el voto del electorado a favor o en contra de un candidato dentro del lapso señalado por el CNE". Valga decir, en criollito, los contenidos publicitarios o propagandísticos son de carácter electoral cuando piden el voto para un candidato o tratan de convencer al elector de no votar por tal candidatura. De aquí que las actividades divulgativas de la acción del gobierno, mandato expreso de la Constitución, no son campaña electoral. La próxima inauguración del Hospital Cardiológico Infantil Dr. Gilberto Rodríguez Ochoa, así como la del segundo puente sobre el río Orinoco, entre tantas obras que entrarán en servicio en los días, semanas y meses venideros no están destinadas a pedirle el voto a los electores o a tratar de que no sufraguen por los candidatos oposicionistas. Así como tampoco comportan elementos de promoción electoral los mensajes dirigidos a fortalecer en la población los valores de la Constitución, como, por ejemplo, la solidaridad.

Es inadmisible que un funcionario público, sea empleado del Ejecutivo nacional, de la Gobernación del Zulia o de la Alcaldía de Chacao, mientras cumple su jornada de cada día se dedique a pedir votos a favor o en contra de uno u otro candidato. Empero, cuando concluye su trabajo, en su tiempo libre, el funcionario público vuelve a ser un ciudadano en plenitud de disfrute de sus derechos democráticos, por ejemplo, el de participar en la campaña electoral promoviendo la candidatura de su preferencia. Están pelaos quienes pretenden ponerle tirro en la boca a los venezolanos y venezolanas que prestan servicios al Estado durante el transcurso de la campaña electoral. La soberbia de los dueños de televisoras, emisoras de radio y periódicos, dedicados a descalificar a venezolanos que el día sábado, en tiempo no laboral, fueron a expresar su respaldo al candidato Chávez, no es sólo muestra de la prepotencia típica de las élites de la IV República sino además manifestación de una clara tendencia autoritaria, fundada en la pretensión de negarle los derechos democráticos a las mayorías nacionales, excluidas siempre hasta 1999.

En medio de su aquelarre, la élite mediática llegó al extremo de pretender prohibirle a los adherentes de la candidatura revolucionaria el uso de vestimenta de color rojo. Valga decir, aún creen vivir los tiempos superados cuando, con su manipulación, se asumían dueños hasta del gusto cromático de la población a la hora de escoger una camisa.

Es válido preguntarse el porqué estos mismos medios no critican la publicad electoral del candidato Rosales en las que usa el logo de la Gobernación del Zulia. Es sencilla la respuesta: en las neuronas de sus dueños --ya oxidadas-los derechos democráticos son parte de su propiedad privada.